¿Qué películas escriben tu aventura en el Día del Libro?

En La película que no se ve el guionista Jean-Claude Carrière se preguntaba qué película escribían en su cabeza los musulmanes de una tribu a los que los colonialistas franceses habían decidido mostrar una película. Dicha tribu tenía prohibido según su visión del Islam el visionado la representación de rostros y cuerpos, así que taparon sus ojos con las manos. ¿Qué película escribieron en su cabeza? Es el Día del Libro, fecha en la que ya estarás yaciendo con un libro entre tus manos escribiendo imágenes en tu cabeza a medida que devoras páginas y las palabras se agolpan en tus ojos. Tarde para leer, y quizá noche para ver una película, porque por mucho que se diga siempre hay tiempo para conmocionar el espíritu con cultura escrita y visual. Por eso en Cameo te proponemos escribirtu propia historia para bucear en nuestras imágenes.

Esta historia no va a ir sobre las mejores adaptaciones o sobre biopics de escritores. Esa historia ya te la conoces, y tampoco pretendemos contarte la misma historia que estás leyendo. En Cameo tenemos películas con las que podrás escribir tu propia historia en el Día del Libro. Simplemente lee, decide y escribe la historia con las películas que te ayudarán a contarla. Borges criticó películas incluso cuando se quedó ciego, y eran sorprendentemente certeras y certeramente bellas, como sus relatos. Cabrera Infante además de escritor sazonó algunas de las películas clave del cine clásico de Hollywood con su ironía más humanista. José Luis Guarner además de ser uno de los mejores críticos de este país y de sufrir una dolencia visual que reducía su mirada a una visión de túnel, fue capaz de añadir un toque literario a todas y cada de sus críticas. Por no olvidar a Ángel Fernández-Santos, guionista de El espíritu de la colmena y autor de críticas que alternaban lo literario y lo analítico.

Muestras de que cine y literatura están próximos, incluso a través de la crítica. Ponte cómodo, selecciona qué rumbo tomar y escribe tu propia aventura en el Día del Libro con Cameo.

A. De fiestas, extraños y colocones

Te han invitado a una fiesta. La última vez que saliste sonaba Duncan Dhu y tenías más pelo y un poco mas de tolerancia a la resaca. Gaspar Noé organiza una fiesta con Clímax (2018) y tú no podías faltar. No entiendes nada de francés, ahí todos bailan, y hay una cámara que no deja de moverse alrededor de esos cuerpos jóvenes extasiados por la fiesta y bañados en neón. Todo es una coreografía perfecta de baile, cámara, provocación y una Francia moderna. Has traído una botellita de vino y un poco de queso porque pensabas que era una cena de picoteo. Pero sorprendentemente no lo es y tú ya estás mareado, ¿le han echado algo a tu bebida? Eres hipocondríaco, tu corazón se acelera y suena Nirvana, ¿dónde está Blondie? Pensabas que el grunge era una etapa adolescente, pero Noé filma su historia en los 90, que lo vintage mola y no tu sudadera de Joma con manchas de potito.  Aquí llega tu primera decisión:

1.Estás nervioso, alguien te toca por la espalda y te da un empujón que te manda al suelo. Te habla de que el coste de la vida está barato, que los salarios son correctos y que es bróker de bolsa con adosado en la sierra. Tú le pegas un empujón, y os enzarzáis. No es una coreografía grácil de karate, más bien parece una clase de yoga para principiantes. Pero se convierte en Battle Royale (2000) y todo se convierte en la película de Kinji Fukasaku. El país está al borde del colapso, la violencia se expande por las calles y Twitter rabia. Una clase es escogida cada año para batirse en un duelo a muerte y que solo quede uno. No es el Japón del film pero en esa fiesta todos empiezan a batirse en duelo, parece un streaming de Fortnite pero sin nadie forrándose y con armas de verdad. Luchas, peleas y deseas hundirle el pecho al bróker y demostrarle que tu cartera no será de valores pero sí de puños, te sientes Sarah Connor o Chuck Norris.

2. Estás emocionado, no te importa estar drogado. Bailas y sientes el ritmo de la noche en cada espasmo que finge ser un movimiento de baile. Conoces a alguien y de repente esa escena de vosotros bailando en slow motion parece sacada del Pack Wong Kar Wai. El lirismo en cada gesto, la búsqueda del tiempo suspendido en el cruce de vuestras miradas. No sentías nada así desde que recibiste tu primer like en Tinder por parte de un bot de la compañía. Protagonizas tu propia Chungking Express, la película amada por Tarantino, juras comprar el pack porque esa noche sientes que el neón eriza tu piel y cada vez que os besáis experimentas una experiencia religiosa que haría perder la voz a Enrique Iglesias.

B. Sobre road-trips, artistas tripis y otras venturas

Sales de la fiesta, con moratones si te has peleado o con un chupetón incipiente si la noche ha ido de maravilla. Llueve, pero no es ninguna lluvia dorada, bastantes cosas lisérgicas has vivido ya. Tu decisión consiste en marcharte a casa o sentirte joven otra vez y dejarte llevar por Petra (2018). Petra te espera en la esquina, no te ofrece drogas pero te pide ayuda para buscar a su padre. Jaime Rosales está grabando haciendo flotar la cámara alrededor. Empiezas una aventura llena de artistas y con la cámara dando pinceladas a personalidades un poco extremas. Tienes dos opciones:

  1. Ayudar a Petra (2018). Conocerás a Jaume, un artista que jugará con tus sentimientos, a su hijo Lucas y a su esposa Marisa. Te verás envuelto en un largo viaje hacia la noche en una historia con más malicia que el guion de Sálvame, con más secretos familiares que una novela de Jane Austen y violencia física y sentimental. Pensabas que Duncan Dhu iba a ser el tope de la noche, ahora te ves envuelto en una saga familiar que hace que un after con Picasso y Dalí sea aburrido. Tu aventura concluye.
  2. Coges un taxi y conduce Jafar Panahi. Tu aventura toma los tintes de una película iraní como Tres Caras (2018) que se llevó el mejor guion en Cannes. Panahi dice que eres un gran actor o actriz y te enseña el vídeo de una joven que pide ayuda para escapar de su familia pelín tradicional. Aceptas ir con él, hay montañas, carreteras con curvas y el cubata baila en tu garganta con los restos de kebab. Pero las películas de Panahi siempre buscan desvelar la verdad de su país, con la cámara siempre buscando el reflejo de la emoción en el rostro, y te dejas llevar. 

El viaje se te ha hecho largo y ya tienes que decidir dónde parar. Panahi es buen compañero de viaje pero no quieres que tu historia acabe aquí, con lo cual dos nuevas opciones se abren ante ti:

  1. Te paras en la Toscana y Abbas Kiarostami te está esperando con Copia Certificada (2010) bajo el brazo. Un privilegio que uno de los grandes maestros de la historia del cine te espere bajo el sol de la Toscana. Te cuenta que como fan de Roberto Rosellinni y esa obra cumbre llamada Te querré siempre (1954) quiere rendir un homenaje personal al maestro italiano. Eliges ser un escritor inglés o una galerista, en cualquier caso, caes enamorado o enamorada y vives una película de Kiarostami en la que todo respira vida, cine y emociones que se desentierran con una cámara que siempre parece certera captando los devaneos de la psique humana. Convertirse en Juliette Binoche siempre es un rol deseable.
  2. Te paras en un caserío y otro poeta de la imagen como Julio Medem te convierte en protagonista de El árbol de la sangre (2018). Viajas con tu pareja a un caserío en Euskadi para rastrear tus orígenes. El árbol familiar está repleto de ramas que se enredan hasta conformar una miríada de brotes que conducen a historias familiares repletas de dramas, algo de melancolía e imágenes caleidoscópicas que te hablan de cómo tus antepasados también se toparon con emociones un poco enredadas.

C. Una huida hacia delante y un final. 

El viaje termina, se supone que es momento de sentar la cabeza, volver a casa y protagonizar el típico paseo de la vergüenza de regreso a la cama. Has bailado, has viajado, quizás te hayas peleado, y sobre todo, has tenido como compañeros de viaje a maestros del cine. Tu situación actual es residir en un caserío con tu pareja o estar entregado a un romance en la Toscana. Pero hay una pelea de pareja, una discusión, tu romance ya no parece narrado en slow-motion, ni siquiera en planos generales que dejen respirar el entorno y de paso airear vuestra relación. Cansado, agobiado y con ganas de cambiar tomas dos rumbos:

  1. Te conviertes en estrella de rodeo y entrenador de caballos. Como Brady en The Rider (2018) te marchas a Estados Unidos, te calas el sombrero de cowboy y decides empezar una nueva vida en polvorientas extensiones mientras mascas tabaco y le das a cerveza barata en bares que inspiraron a Green Day para su boulevard de sueños rotos. El film de Chloé Zhao muestra a un Brady convaleciente después de un accidente que le aleja de los rodeos. Reconstruir su vida, encontrar refugio, cerrar heridas y huir de la sombra del padre. Te esperan tiempos duros, pero cuando te montas en el caballo y notas el aire humedeciendo tus ojos a medida que el galope te eleva y te convierte en uno con el animal sientes que por fin todo tiene sentido.
  2. Te conviertes en periodista y como corresponsal de guerra te atreves a cubrir la miseria y el mal que azota el mundo, porque no tenías bastante drama en casa. Como en Un día más con vida (2018) decides leer los diarios de Ryszard Kapuściński y convertirte en esa raza de periodistas como el polaco capaces de ahondar en conflictos como el de Argelia y jugarte el cuello para conseguir que las voces de las víctimas tengan un altavoz. Será una vida de nómada, verás cosas que nunca creerías y mirarás con recelo Instagram y otros filtros contra la banalidad del mal. Pero tus historias encontrarán su hueco y en esos viajes conocerás testimonios y vidas que seguirán cambiándote y modelando tu forma de ver y narrar el mundo.

Solo si eres de los que gusta mirar al pasado, porque siempre hay posibilidad de redención. Montando a caballo la ves, o en uno de tus viajes a zonas de conflicto te topas con ella en un bar destartalado. La persona que una vez te hechizó en aquella fiesta, o la persona que te topaste en aquel viaje a la Toscana, o la persona con la que rememoraste tu árbol genealógico en aquel caserío donde la humedad de la mañana rozó vuestros cuerpos. Puedes pasar de largo, un saludo cortés y un café breve para poneros al día. Quedará el poso de lo que nunca os diréis, el murmullo del bar amortiguará los silencios que gritan que os habléis. Os atusaréis el pelo y vuestras miradas se detendrán en los espacios y esquinas iluminados por la luz de un mes de mayo. No se cruzarán, y ya no aspiraréis el aroma de las sábanas después de una noche. O sí.

Decidís daros una nueva oportunidad. Pasaréis por una terapia de pareja un poco menos dura que la de Lars von Trier en Anticristo (2015). Iréis a una cabaña en el bosque como la pareja del film, pero a lo mejor la naturaleza no se vuelve en vuestra contra ni sucede nada satánico. Después de eso quién sabe, quizá envejezcáis porque lo vuestro es Amor (2012) descrito por Haneke. Intenso, comprometido y presente hasta en los peores momentos como el de esa pareja de ancianos del film que aprenden a amarse a través del dolor. Así podría escribirse tu aventura, así sería tu vida con las distintas elecciones y episodios vitales.