La Casa de Jack llega a los cines y Lars von Trier está de vuelta para conseguir que algunos espectadores incautos abandonen la sala antes de tiempo. Thierry Frémaux, director del Festival de Cannes, le vetó la entrada al Festival en el 2011 después de que el cineasta danés hiciera ciertos comentarios sobre Hitler. No obstante, en 2018 regresó y Frémaux pareció olvidar la polémica, no así algunos de los espectadores que abandonaron la sala durante la proyección y tildaron de “vomitiva” la última creación de Trier. El cineasta danés cuenta con admiradores y detractores por igual, y es que muchas cosas se pueden decir de este cineasta, pero lo que es seguro es que algún pecadillo ha cometido.

La Casa de Jack narra las peripecias homicidas de un asesino en serie que desgrana sus filias, aficiones y fechorías que oscilan entre la cacería, Nietzsche y la banalidad del mal. Trier construye así una catábasis – en sus propias palabras -, es decir, un descenso al Infierno donde Jack purga sus penas y Trier – enmascarado como creador que sobrevuela la personalidad de Jack – firma la que probablemente sea su película más sincera. El danés se desnuda, queda a la elección del espectador superar las confesiones y la violencia de Jack y asistir a ese proceso.

En Cameo a veces se peca un poco, porque sabes que Lars von Trier tiene un hueco en el catálogo. Con motivo del estreno de La Casa de Jack Cameo expia los pecados que han conducido al danés hasta la que él considera su última película – nadie quiere que eso sea verdad -. Pecados cometidos y que te encantan como buen placer culpable, y pecados no cometidos pero que podrían inspirar sus fechorías. Crítica desollando sus películas, espectadores asqueados y sobre todo uno de los cineastas que dicta sentencia y se confiesa en cada película.

1.   LUJURIA – NYMPH()MANIAC

Lars confiesa: “Vengo de una familia de comunistas nudistas. Me dejaban hacer lo que quería. Mis padres no estaban interesados en si iba al colegio o me emborrachaba con una botella de vino blanco”

El pecado: Lars retrata la vida sexual de Joe, encontrada en un callejón por Selligman, un anciano que la recoge, acoge y escucha atentamente las confesiones sexuales de una ninfómana. Sus frustraciones, sus parafilias, los vicios de sus antiguas parejas y el descubrimiento de la sexualidad en un cuarto de baño en la casa familiar. Miradas en el metro, orgías, matrimonios rotos y una polifonía de gemidos en camas ajenas. Un padre comprensivo, novios inseguros y un relato que originalmente duraba cinco horas y media y que Trier dividió en dos partes para alargar el orgasmo cinéfilo.

La penitencia: Algunos críticos la tildaron de “sarcasmo infantil”, otros criticaron que Trier osara a mezclar Bach con orgasmos, cuando precisamente las fugas del maestro alemán que engarzaban voces superponiéndose una a la otra son un acompañamiento ideal para conversaciones en la alcoba.

Tu castigo: Disfrutar viéndola. Sentir cómo el relato de una mujer llevada al límite te resulta extrañamente empático. No poder escapar a la risa nerviosa cuando ves reflejada alguna de esas parafilias y juegos que siempre quisiste hacer y nunca te animaste. Saber ver en un relato episódico que Trier usa algo que a todos seduce y gusta como excusa para reflexionar sobre los límites de la creación, el genio del artista y otras cuestiones metacinematográficas.

2.   PEREZA – MELANCOLÍA

Lars confiesa: “Estoy feliz de estar vivo. Me siento como alguien que regresa de Vietnam, tarde o temprano empezaré a matar gente en una plaza, pero de momento estoy feliz de estar vivo.”

El pecado: El planeta Melancolía está a punto de impactar contra la Tierra y reducirla a un cúmulo de almas abrasadas y cuerpos sesgados de vida. Justine se ha casado con Michael y celebran el convite en la lujosa casa de campo de su hermana. Una ocasión supuestamente feliz que da sentido a eso de hasta que la muerte nos separe. Un “divorcio” exprés cuando Melancolía acabe con una Justine completamente deprimida y abandonada al amor de cartón piedra como excusa para ahuyentar la tristeza enganchada en las legañas de cada despertar.

La penitencia: “Apocalipsis de cartón piedra” y otras lindezas recibió un Trier que confesó haber atravesado una depresión, además de ser alcohólico e intentar libar las penas con medicina etílica.

Tu castigo: Entender que no es un relato postapocalíptico más. El choque entre planetas es solo una excusa para hablar de la depresión, para esculpir imágenes que reflejan a Justine como una Ofelia inánime discurriendo en el río de su pena. Un complejo estudio sobre expectativas frustradas, amor como salvavidas y otras cuestiones propias del cineasta danés.

3.   IRA - ANTICRISTO

Lars confiesa: “Si alguien quiere pegarme, es bienvenido a ello. Debo advertir que quizá lo disfrute. Entonces no sé si es el castigo adecuado.”

El pecado: Tras la pérdida del hijo de ambos, un psicólogo con ideas propias de diván decide llevar a su mujer afligida a una cabaña en el bosque y así quizá poder curar las heridas del trágico suceso. La naturaleza empieza comportarse de manera extraña y la madre y esposa comienza a experimentar una serie de cambios que desembocan en una catarsis repleta de ira, tristeza, sentimientos y afectos mutilados. El danés se pone bíblico para ilustrar la expulsión del Edén en un terreno donde todo vale.

La penitencia: Imbecilidad, pedantería, más allá de la cordura y otros epítomes de la crítica. Trier intenta curar su depresión con una película clarividente en su descripción de la oscuridad del luto.

Tu castigo: Ojalá no sentirte reflejado en ese drama. Jamás purgues discusiones en pareja por asuntos tales como un meme sobre política compartido en Whatsapp yendo a una cabaña. O al menos a una cabaña donde estuvo Lars von Trier, esa es más peligrosa que la de “Posesión Infernal”, e incluso con más sangre y motosierras.

4.   SOBERBIA – RICK & MORTY T3

Lars confiesa: “Probablemente la única diferencia entre el resto de personas y yo es que siempre he esperado más del atardecer. Colores más espectaculares cuando el sol golpea el horizonte. Ese es quizá mi único pecado”.

El pecado: Muchos tildan a Lars de soberbio, pero normalmente es un tipo humilde que se limita a hacer lo que hace. De momento no se ha animado a aventurarse en el terreno de la animación – sí en el de la televisión con Riget -, pero seguro que es seguidor de Rick y su soberbia enmascarada de excéntrico científico, y también de la voz de Rick que no duda en meterse en personaje emborrachándose en cada sesión de doblaje.

La penitencia: Con su camiseta de persona non grata en Cannes Lars demostró hace tiempo que no le importa mucho lo que se digan de él. Un poco como Rick, profetas excéntricos y moradores de planetas que el resto solo puede ver a través de la pantalla.

Tu castigo: Aguantar que tus amigos sigan diciéndote cada día que por qué no has visto todavía la nueva temporada. 

5.   ENVIDIA – PACK INGMAR BERGMAN

Lars confiesa: “Soy el mejor director del mundo”.

El pecado: Lars es un tipo bastante brillante con un genio complicado. Acusaciones de actrices que trabajaron con él, tampoco dudó en matar a un asno en una de sus películas o en llevar a Björk al límite. Tan pronto firma un musical donde amor y depresión van de la mano como una serie protagonizada por una suerte de feto monstruoso. No obstante nunca puede rehuir su admiración y hasta cierto punto envidia por maestros como Tarkovski – a quien dedicó una de sus películas – y Bergman, otro genio de carácter particular con quien comparte traumas.

La penitencia: Disfrutar de un pack que reúne documentales sobre la vida y obra de Bergman para que por fin entiendas por qué el silencio jugaba un papel tan relevante en el cine del sueco. Eso y Saraband (2003), película póstuma de Bergman que supuso un testamento fílmico excelso donde lo iniciado en Secretos de un matrimonio  se convierte en una elegía sobre el amor que habría firmado Ibsen con el réquiem de Mozart. Solo a la altura de genios.

Tu castigo: Odias a Lars von Trier, como para ponerte a ver a Bergman. No te preocupes, seguro que Dante se inventó un anillo en el Infierno adicional para herejes como tú. Es broma, o no.

6.   AVARICIA – LA CINTA BLANCA

Lars confiesa: “La Naturaleza es la Iglesia de Satán”.

El pecado: Lars es un tipo triste. Su última película fluctúa entre la mofa abierta hacia la crítica y un relato a pecho descubierto donde se disecciona a sí mismo para ofrecer el retrato de un creador inseguro cuyas dudas superan las certezas. ¿Su actitud megalómana es puro postureo? Quizá resumir así su última película sea banal, pero para adornos escandalosos ya está su cine.

La penitencia: Haneke es otro tipo triste, cuyos dramas te destruyen más que ver Hachiko después de haber roto con tu pareja.  La cinta blanca es un retrato sobre la avaricia sectaria y la pobreza espiritual, que mendiga maldad en niños que son corrompidos.

Tu castigo: Ayer ligaste. Esta tarde toca plan de película y mantita. Preparáis palomitas. El ambiente es propicio. Esto sí que va a ser un buen pacto y no lo de Andalucía. Organizas un maratón de Lars von Trier y Haneke. Lloráis. La vida ya no tiene sentido. Todo es más dramático que una gala de Operación Triunfo. Sabes que no has ligado, pero te has aliviado.

Falta un pecado, pero ese quizá esté por cometer o lo cometerás cuando acudas al estreno de La casa de Jack y ese pecador de la pradera danés te deje con la mente un poco trastocada.