¿Otro artículo sobre Rosalía? Está claro que El mal querer ha inundado las playlists de todo el país, que Spotify ya no sabe cómo recomendarte al fenómeno del momento y que nunca habías bloqueado a tanta gente en Twitter llorando después de escuchar Bagdad y compartir su fanatismo en caracteres. Rosalía es la artista del momento y ha conseguido convertirse en un referente mundial reinventando el flamenco y generando una controversia entre puristas y millennials para los que el trap lo era todo que ni Camarón. El CEO de Apple se hace selfies con ella, su imagen emerge en las pantallas de Times Square, Almodóvar acude a sus conciertos y hasta Halle Berry intenta bailar cogiendo la manzana cual flamenca pero se queda en la rigidez del Emoji de Whatsapp.

¿Fenómeno comercial o talento trabajado? Por qué no ambas, aunque el fenómeno Rosalía amenace con provocar bajas en redes sociales. El mal querer es un álbum para el recuerdo, por su capacidad para construir una estética propia a partir del arte renacentista y el imaginario litúrgico, y por su ambición de construir una narrativa deconstruyendo el tropo del amor cortés contenido en Flamenca, novela occitana del siglo XIII. Cameo va un paso más allá e indaga por qué El mal querer de Rosalía sabe combinar lo viejo y lo nuevo, el flamenco y el trap, explorando algunos de los referentes cinematográficos que pudieron inspirar su imaginario y los hits del nuevo álbum.

1.   Hable con ella

El hit: Malamente, Rosalía se cruza con Hable con ella de Almodóvar.

El verso suelto: Rosalía canta “Ese cristalito roto, yo sentí cómo crujía, antes de caerse al suelo, ya sabía que se rompía”. Almódovar cuenta un relato de dos hombres, Benigno y Marco, cuya amistad brota entre los pedacitos de dolor de dos mujeres hospitalizadas, Lydia y Alicia. Cristales rotos, hombres negociando su identidad y amor que no se mira en el espejo.

Lo viejo: Rosalía introduce disonancias entre las palmas, el sintetizador caracoleando alrededor de la impostura de la voz. Almódovar mira el melodrama clásico de Douglas Sirk y Vincente Minnelli.

Lo nuevo: Rosalía introduce la base fija del trap en medio del ritmo acompasado del flamenco. Almódovar mira el melodrama clásico de Vincente Minnelli y Douglas Sirk y lo atraviesa con su caleidoscopio en forma de figuras transidas por el dolor, miradas rotas y planos donde el cuerpo se funde con el fondo.

2.   Saura(s)

El hit: Pienso en tu mirá, Rosalía se cruza con Carlos Saura.

El verso suelto: Rosalía canta “Pienso en tu mirá, tu mirá, clavá, es una bala en el pecho”. El documental de Félix Viscarret ahonda en la figura capital de Carlos Saura. Saura rehúye el pasado, clava su mirada en la pintura. No obstante su cine es tanto retrato realista de un tiempo como filigrana metafórica de un país anquilosado y tirado por el cambio. Los celos de Pablo en Peppermint Frappé (1967), la mirada de José Luis López Vázquez es la bala en el pecho de Rosalía.

Lo viejo: Rosalía rescata el imaginario popular de la España de carretera y flamencas sobre el televisor. Las carreteras sin asfaltar, la masculinidad en camisas de tirantes y los celos arremolinados en miradas surcadas por sudor y violencia. Los hoyuelos de una España que Saura apresó en ese realismo mágico, a camino entre el folclore que Rosalía rescata y la sencilla aridez de Miguel Delibes.

Lo nuevo: Rosalía desplaza al hombre del centro del relato. La flamenca llena el plano. Mujeres enlutadas se liberan y de los camiones emergen mujeres que se niegan a ser mercancía. Saura enclaustraba a la mujer en Ana y los lobos (1972), Geraldine Chaplin era esa España presa del militar vetusto, el sacerdote sin confesionario y el ermitaño sin futuro.

3   Pack Jaime Rosales

El hit: Reniego, Rosalía capta lo efímero en la rutina al igual que Jaime Rosales.

El verso suelto: Rosalía canta “Ay, yo río por fuera, y lloro por dentro, y o río por fuera, y lloro por dentro”. El Pack de Jaime Rosales te acerca a uno de los cineastas más interesantes pero por desgracia poco mencionados de nuestro país. Premiado por la Crítica en Cannes, dos Premios Goya y filmes como La soledad (2007) que a través de encuadres fijos dinamita el cambio en personajes asolados por la rutina.

Lo viejo: Rosalía cuenta con Jesús “Bolá” Carmona, quien trabajara con Camarón y Rocío Jurado para seguir explorando los límites del flamenco atravesado por el sintetizador y la imaginería de la Pasión encontrándose con una narrativa que cuenta las etapas de ese romance tóxico tan poco cortés. El cine de Rosales se fija en Ozu y Bresson, para narrar lo trascendente a partir de imágenes que como jirones desgarran la insoportable pared de la rutina.

Lo nuevo: Rosalía plasma los celos, la envidia, la violencia, readapta el amor cortés a nuestros días dándole una estética en la que lleva trabajando años. Rosales crea algo nuevo añadiendo pizcas de José Luis Guerín.

4.   Mommy

El hit: Bagdad, Rosalía se cruza con Xavier Dolan en Mommy.

El verso suelto: Rosalía canta “Y se va a quemar, si sigue ahí. Las llamas van al cielo a morir. Ya no hay nadie más por ahí. No hay nadie más, no hay nadie más”. Y Dolan construye una distopía a partir del eje maternofilial entre Diane, mujer viuda y llevada al límite, y Steve, adolescente que padece ADHD. Canción y film se cruzan en esos retratos de personas próximas al fuego, que lejos de querer jugar con él se vieron arrastradas a acudir a las llamas. Una mujer que creyó intuir amor en los rescoldos de la violencia que quema. Un hijo que se quemaría sin su madre.

Lo viejo: Rosalía rescata la estructura de Cry me a river de Justin Timberlake. ¿Es eso viejo? Justin la lanzó en 2002 tras su romance con Britney Spears. El pop de inicios de los dos mil ya se antoja propio de dinosaurios que llevaban el discman y compartían canciones en mp3 por infrarrojos. La maestría de Rosalía consigue en hilvanar versos que evocan romances medievales, una estética cercana al Argento de Suspiria (1977) con esas mujeres que se rebelan como brujas a la hoguera que amenaza con quemarlas, y el pop que a todos provoca nostalgia de los pantalones con campana. Dolan también siente nostalgia por el pasado, por temas que alegraron el verano y los politonos de los Nokia con Dragostea Din Tei, allá por agosto de 2003. Por Almodóvar y sobre todo por Fassbinder contando dramas familiares y amorosos en la Alemania del Oeste con cortinas sacadas de las pesadillas de un diseñador de Ikea.

Lo nuevo: El eclecticismo de Rosalía y Dolan para erigirse en estandartes de la postmodernidad. Crear pastiches de pasado, nostalgia y presente sin renunciar a su personalidad como artistas. Historias límites, las llamas avivando el humo que no deja ver el futuro. Y la música, sobre todo la música.

5.   Te doy mis ojos

El hit: Di mi nombre, Rosalía canta sobre la tiranía de lo que no es amor e Iciar Bollain inspira su grito.

El verso suelto: Rosalía canta “Y átame con tu cabello, a la esquina de tu cama, que aunque el cabello se rompa, haré ver que estoy ata'a, que aunque el cabello se rompa, haré ver que estoy ata'a”. Bollain firma uno de los films más descorazonadores sobre la violencia machista. Mujeres atadas en las narrativas de Rosalía y Bollaín, mujeres cuya resistencia y desafío consiste en aceptar el dolor de lo rutinario. Heroínas de Lorca cuya voz es firme.

Lo viejo: Rosalía desmonta el amor cortés. Flamenca gira alrededor de un triángulo amoroso donde el marido mueve su enajenación por el camino de los celos, culminando en una tragedia medievalmente cruel. La Flamenca de Rosalía sostiene que ese mal querer es eso, una relación donde no hay querer. Es un álbum que alterna el pesimismo, con la rebeldía, el determinismo con la esperanza. Bollaín arrasó en los Goya con una obra que es un bofetón a la cara del espectador. Juega en la ambigüedad de lo que algunos llaman amor, de quienes justifican los “celos sanos”, y entonces aparece la violencia. Destruye la ambigüedad que tanto daño hace en el debate sobre la violencia machista.

Lo nuevo: Rosalía mira al amor cortés pero lanza un mensaje a toda la sociedad actual. No es solo una cuestión de que ellas se empoderen, sino de que el hombre reconozca su necesidad de desmontarse. Bollaín ahonda en la figura del maltratador. Sin efectivísimo, dejando que la tragedia penetre cada conversación. Da voz a todos esos personajes femeninos del Free Cinema británico que soportaban a los angry men, a los borrachos, a los violentos, a los insatisfechos que cargan culpas.

6.   Blog

El hit: A ningún hombre, Rosalía da voz a las nuevas generaciones, Elena Frapé dirige y abandera ese me too donde se demuestra que el cine ha sido otra herramienta de silenciamiento.

El verso suelto: Rosalía canta “Voy a tatuarme la piel, tu inicial porque es la mía, pa' acordarme para siempre, de lo que me hiciste un día”. Frapé se ha consolidado con Las distancias (2018), pero Blog ya es la adición de una nueva voz femenina proveniente del cine catalán actual que tantas alegrías está dando con títulos como Verano, 1993 (2017), Las amigas de Ágata (2015) o Julia ist (2017).

Lo viejo: El logro de El mal querer es saber aunar voces separadas por el tiempo. Las de las abuelas y madres con las de las hijas. Mujeres flamencas por valientes. Recurrir al imaginario religioso y actualizarlo. Alejarse de la parodia del pasado y vindicar que folclore y modernidad pueden coexistir como formas que aspiran a revestir a la mujer de una espiritualidad emancipadora. Frapé retrata a un grupo de jóvenes a través de webcams y otros soportes. Sus confesiones, miedos, actitudes inseguras y la madurez filtrándose a través de lo banal. Es un film donde el realismo cinematográfico elabora un retrato de la juventud española alejado del sensacionalismo. Lukas Moodyson dialoga con Frapé.

Lo nuevo: Nuevas voces, nuevas abanderadas. Modelos que imitar, Rosalía ya es parte de un star-system y Frapé del canon cinematográfico actual. Poco a poco ellas tienen espejos donde mirarse, pósters que colgar en femenino.

7.   Pina y Janis

El hit: Nana, y Rosalía cierra El mal querer fusionando el arte escénico de Pina con la aspiración de ser un icono como Janis Joplin.

El verso suelto: Rosalía canta: “Nadie a ti te ha conta'o que ningún sueño sabe de horas o tiempos, ni tiene dueño” Rosalía se viste de Lorca y se baña en el reflejo de la luna para grabar en la plata de su voz los versos de la desesperación.

Lo viejo: Rosalía pasa del amor cortés a la liberación, del optimismo al pesimismo, del trabajo duro a convertirse en referente de la industria nacional e internacional. Por el camino muchas influencias, y sobre todo la obsesión por el detalle de Pina, en cada coreografía, gesto y tela rozando su cuerpo y tejiendo con las bailarinas un manto que cubre al espectador. También la certeza y seguridad que ella misma desprende, propias del descaro de unas Janis Joplin, sabiendo que el futuro es suyo.

Lo nuevo: Disfruta de los documentales sobre la vida y trayectoria de Pina y Joplin, porque tarde o temprano se harán documentales sobre la carrera de Rosalía.