El 15 de marzo se celebra el Día Mundial del Sueño cuyo fin es seguir insistiendo en los beneficios de gozar de un sueño largo y profundo y poner remedio a ese 45% de la población mundial que sufre algún tipo de trastorno relacionado con el sueño. Si de ti dependiera esas ocho horas de sueño recomendadas serían bastantes más. Pero esos malditos médicos y fanáticos del mindfulness seguro que no tienen en cuenta esa cosa llamada rutina. Seguro que ellos no se desvelan pensando en el trabajo, en si han comprado la cartulina para la clase de Plástica de su hijo, o en medir los pasos que podrían dar en la celda cuando el vecino decide reunir a bricomaníacos a la una de la madrugada y ponerse a lijar contrachapado.

En Cameo no nos andamos por las ramas. El cine es sueño y los sueños tienen una antiestructura muy parecida a algunos filmes. Por eso os vamos a prescribir algo más útil que un chute de valerianas, o un vasito de leche con miel, o peor aún, alguna baya o té destilado extraído de una planta adherida a una piedra milenaria situada al borde de un precipicio del Himalaya. Tenemos películas que alimentarán vuestros sueños y que tras verlas os sumirán en un estado de somnolencia placentera. ¿Conoces esa sensación después de salir del cine tras ver una buena película? El mundo exterior parece tremendamente extraño. La película te ha hipnotizado y transportado a un mundo alternativo. Vuelves a casa y nada parece lo mismo, las imágenes te han conmocionado y tu pecho late levemente acelerado arrebatado tras el desfile de emociones. Solo quieres tumbarte, cerrar los ojos y sumirte de nuevo en esa película.

Por ese motivo los siguientes filmes os sumirán en un duermevela donde solo os importará el sueño tras la película. ¿Un viaje a través de las fases del sueño? Exacto, con películas ordenadas de menor a mayor extrañeza para que este sueño guiado culmine en una experiencia onírica que ríete tú de meditaciones guiadas en apps diseñadas por monjes budistas o sueños lúcidos inducidos por vídeos de ASMR.

1.   Sueño Ligero

Todavía percibes los estímulos exteriores. Pero ya estás tumbado, embozado en las sábanas — con o sin calcetines es una guerra que no se va a librar aquí — y la modorra empieza a invadir tus ojos a medida que tu cuerpo se relaja y los sonidos y craqueos de paredes y muebles empiezan a sonar lejanos. Si alguien puede poner música a este instante ese es Nick Cave, cuya voz languidece en riffs y notas de piano y deambula por el dolor, la tristeza y aquello que flota en el aire y nunca se concreta. 20.000 días en la tierra (2014) además de un documental que narra 24 horas en la vida de un artista, es una pieza de vida que transita por el dolor ante la pérdida del hijo, el proceso creativo y cómo la música sigue siendo el único lenguaje capaz de expresar lo que no se ve. Escucha Into my arms y deja que el sueño te invada a medida que la voz de Cave y las imágenes de Iain Forsyth, Jane Pollard te transportan a lugares donde se destilan emociones. Después de eso brota la voz de Manolo Caracol y emerge el rostro de Damián (José Sacristán) en Magical Girl (2014) contemplando a Bárbara (Bárbara Lennie) y con Luis (Luis Bermejo) intentando que el sueño de su hija Alicia (Lucía Pollán) se haga realidad y ese vestido del anime Magical Girl Yukiko disfrace por un instante su enfermedad terminal. Personajes que Carlos Vermut conecta a través de pasados que se esconde detrás de puertas infranqueables. Tus ojos cerrados recuerdan esas historias que se entrelazan sin ningún orden aparente, replicando el caos placentero de un sueño donde las imágenes te hablan de desconocidos.

Después aparece un ángel, no se sabe si exterminador o de la guarda, y cuyos rizos te harán pensar en el Ave María de un antiguo triunfito aunque éste ángel en particular lleve dos pistolas en lugar de alas y sea el preso más veterano de Argentina. En El ángel (2018) Luis Ortega se pregunta en qué sueña Carlos Robledo Puch (Lorenzo Ferro) cuando ejecuta a sangre fría a personas que duermen y sus sueños parecen estar copados de ese miembro viril y de un Ramón (Chino Darín) que canta porque tiene el corazón contento. Un atracador, homicida y reprimido que te acechará en sueños con su rostro angelical y su pelo como lana de esas ovejitas que estarás contando. Un relato que quizá te induzca a alguna pesadilla dirigida por alguien que ha visto mucho a Tarantino y Scorsese.

 

2.   Sueño Reparador

Tu sueño se vuelve más profundo. En esta fase uno se desconecta del entorno y ya lo de dormir empieza a ser una certeza. Un sueño que es solo reparador pero no completo. Tus ojos ya no se mueven, y te pasarás el 50% del sueño en esta fase, el otro 50% lo pasarás roncando, babeando y luchando contra las sábanas. Probablemente Freddy Krueger te acechó en muchas pesadillas de pequeño, pero cuando veas Ichi the Killer (2001) intentarás conciliar el sueño imaginando cómo haces picadillo de carne a tus enemigos de la misma manera que Ichi — con traumas infantiles derivados de no tener un peluche probablemente — y una banda de renegados lo hacen con la yakuza japonesa. Ichi es esquizofrénico, y es perseguido por Kakihara, mano derecha de un jefe criminal que es masoquista. Eso es un match digno de Tinder y la orgía de sangre, vísceras y japoneses enajenados te ayudará a dormir plácidamente pensando que tu obsesión por comprobar si has cerrado todas las puertas es poca cosa.

Ya estás durmiendo, así que no reparas mucho en si tu pijama desastrado de dibujitos tiene un lamparón más de yogur o pizza. Pero para Jesse eso puede marcar la diferencia. Una joven que aspira a ser supermodelo no puede permitirse ir en pijama de franela y moño apañado para no babear el tinte nuevo. The Neon Demon (2015) es lo que pasa cuando una influencer no está subiendo ninguna story a Instagram. Celos, envidia, rivalidad, rubias poco legales y fiestas donde la droga, el alcohol y el vómito se juntan en un chiringuito de demonios que llevan purpurina y brillan bajo el neón. A ti tu pijama te sienta de fábula, y eso de alcohol nada. Tacita de caldo, manta y todo eso lo ves a través de la pantalla para contemplar cómo Widing Refn tortura a Jesse y la metamorfosea en un diablo que viste de Prada.

3.   Sueño DELTA

Oficialmente estás sobado y ya no sientes nada, ni siquiera al ver en sueños el perfil de Instagram de tu ex. Si te despiertas durante esa fase, estarás más perdido que Spielberg en tiempos de las plataformas de streaming. Tu tensión arterial y el ritmo respiratorio se reducen hasta un 30%, y produces más hormona del crecimiento. Pero tranquilos, si no crecisteis y parecéis hobbits no se debe a no dormir por trasnochar de pequeños para ver si Canal 18 o Crónicas Marcianas os dejaban ver un pedazo de carne. A lo mejor aún estás soñando con ser director de tus propios sueños, un poco lo que hace Sion Sono en todas sus películas. En Why dont you play in hell? (2013) intenta que Ikegami guarde rencor a Muto, otro gangster como él, pero entre medias está Himizu, hija del segundo, y hasta está Hirata, un director de cine. Comedia negra, una metarreflexión sobre el cine, acción y comedia en un film donde Sono se supera después de haber ofrecido películas que escondían discursos religiosos alrededor de lencería femenina.

Con Winter Sleep (2014) tu cuñado hará bromas sobre una película turca que arrasó en Cannes y dura más de tres horas centrado en las divagaciones de un gerente que fue actor en su pequeño hotel en la estepa turca. Dicho así parece un somnífero ideal para esas noches bohemias donde te propones culturizarte, te preparas una tabla de quesos, copita de vino blanco y acabas borracho y mandando emojis que lloran a tu mejor amigo. Pero Ceylan de alguna manera consigue que un drama que podría haber firmado Bergman se convierta en un brillante panorama de secuencias donde largos diálogos te resumen la condición humana y trazan personajes que van más allá de la representación artística. Aydin, su hermana y tantos otros sí podrían protagonizar GH Dúo, no solo por sus rencillas sino porque al menos convivirían también con neuronas.

4.   Sueño profundo

En esta fase si alguien te despierta le arrancas las pestañas con un cortaúñas. Aquí es donde te recuperas psíquica y físicamente — de practicar el crudo deporte del sillonball en tu salón porque el gimnasio postpolvorón se esfumó como restos de turrón en la alacena —. En esta fase no sueñas en el sentido estricto, pero sí emergen imágenes, luces, formas y destellos sin un hilo conductor. Probablemente en esta fase Shane Carruth ideó Upstream Color (2013) para atormentar tu mente con un relato sin una coherencia interna definida y que conecta a sus personajes a partir de retazos fantásticos e imágenes que tejen una cierta idea de intimidad enajenada. Un ladrón emplea gusanos extraídos de orquídeas que crean algún tipo de conexión temporal. Secuestra a Kris y le hace ingerir el gusano, después aparece un compositor que ayuda a Kris, y un cerdo que este compositor emplea para acercarse a Kris. Gusanos, cerdos, amor, un Thoreau perverso jugando con capullos. Querías ver una película para pasar el rato, Carruth te ha maniatado al sofá y te obliga a mirar una historia de amor donde nada se entiende.

Entonces en ese estado donde no sueñas pero aparecen fogonazos visuales, Carruth empieza a susurrarte cosas experimentales al oído para que después llegue su maestro David Lynch y consiga que el Henry Spencer de Eraserhead (1977) alimente tu perversa imaginación con su universo onírico-depresivo. Henry es un pobre hombre que se encuentra con Mary y descubre que tiene un bebé poco humano, y si sus pesadillas ya eran un poco como Kafka bebiendo absenta ahora ya su imaginación sí que no podrá ayudarle a escapar de ese laberinto retorcido de traumas cuya imagen te dejará un poco trastocado.

5.   Sueño Paradójico

Estás en fase REM, y no, no significa que hayas vuelto a tu adolescencia y estés escuchando Losing my religion porque te han dejado una tarde en los autos de choque. Aparecen los sueños, y ya tienen una línea argumental aunque sea tan libre y poética como una película de Jodorowsky. Los músculos experimentan una fase de parálisis para impedir que te creas Buñuel y deambules por sueños y espacios reales. También hay pesadillas, y con el Pack Alejandro Jodorowsky alguna tendrás después de adentrarte en sus dominios eróticos, oníricos, fantásticos, surrealistas, tántricos, experimentales y metareflexivos. Muchos adjetivos, y todavía faltarían para describir los filmes que integran este pack. Fando y Lis basado en una novela de Fernando Arrabal sobre niños, sadomasoquismo y otras imágenes perturbadoras. El Topo, un western donde un pistolero que parece Clint Eastwood puesto de MDMA se enfrenta a una banda de fetichistas que violan curas y matan gente porque sí. La montaña sagrada que hizo que en Cannes los franceses por una vez se horrorizaran al ver sexo, donde Jodorowsky hace alquimista y Paulo Coelho lisérgico para llevar a sus acólitos a través de unas pruebas a una Montaña Sagrada donde las fiestas blancas empolvan la nariz. Y La Constelación de Alejandro Jodorowsky, un documental que narra la vida y obra de Jodorowsky para que extraigas tus conclusiones y si le llamas depravado al menos que sea después de escuchar a Moebius y Peter Gabriel hablar sobre el tipo.

Pero tú quieres más, ya eres un masoquista profesional y a ti los sueños típicos de arañas, precipicios y funerales te aburren. Quieres que Freud desarrolle complejo y piense en su mamá después de narrarle tus sueños. Por eso sigues con el Pack Leos Carax y te adentras en los dominios de un cineasta que antes fue crítico de cine y sabe cómo provocar a esos críticos convencionales de salón y americanas con coderas que le acusaban y le acusaban de ser un esteta sin nada que contar. Con sus gafas negras, y con el espectro de su mujer difunta Carax sigue pergeñando una obra que atraviesa el réquiem por el cine del pasado y lo diluye en trágicas historias de amor que alimentan un surrealismo un pelín pesimista. Incluye Mala Sangre; historia neo-noir sobre ladrones, rebeldes sin causa que piensan en su ex y gente que tiene sexo sin amor; y Holy Motors, donde Carax convierte una reflexión sobre cine en una elegía en la que la limusina es travelling titilante que conduce desde el neón del digital a la cochera del panteón fílmico.

        Después de largo viaje hacia el principio del sueño con películas que estimularán tu imaginación y te acompañarán en sueños, ¿qué otras películas te gustaría habitar en sueños?